IV Jornadas de Historia, Cardenal Portocarrero 2008. Palma del Río, 24, 25 y 26 de Octubre

     Con motivo de la rehabilitación y puesta en funcionamiento del edificio de Santa Clara de Palma del Río, que integra un armónico conjunto urbanístico de la mayor significación histórico-cultural, se organizan estas IV Jornadas de Historia "Cardenal Portocarrero", centradas temáticamente en el análisis del poder religioso-doctrinal y socio-económico de conventos y monasterios en el transcurso del tiempo. De acuerdo con estos objetivos se abordan científicamente en cuatro sesiones las diversas facetas –sociedad, política, economía y arte- de aquellas instituciones religiosas, que, no sólo ocuparon el centro físico de las ciudades, sino que impulsaron vitalmente la vida social.

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     La mayoría de las ponencias y comunicaciones presentadas versan concretamente sobre el convento de Santa Clara de Palma del Río para comprender su situación actual de cara al futuro partiendo del riguroso análisis de su pasado. Pero como los franciscanos en general y las clarisas en particular tuvieron y tienen una dimensión universal, en estas jornadas la especificidad de la vida religiosa del convento de Santa Clara se enmarca en el contexto espacial más amplio de Andalucía, España y Europa. De esta manera, como si se tratara de círculos concéntricos de recíproca interrelación, se estudian de arriba abajo y de abajo arriba las múltiples influencias de una determinada cosmovisión y actividad religiosas.

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     Además de esta integradora dimensión universal de los conventos religiosos, en estas IV jornadas se cuida también de modo especial el profundo sentido formador de la Historia. Se vuelve al pasado con objetiva profesionalidad con el sólo fin de comprender mejor nuestro presente y así poder orientar el futuro de nuestras vidas en solidaria comunidad. Esto se hizo, se hace y se podrá hacer bien de manera inmanente o transcendente; de conformidad con unos principios éticos que buscan la realización plena de un genuino humanismo o siguiendo unos derroteros morales que vinculan inextricablemente el desarrollo de aquel humanismo con la divinidad. En uno y otro caso las cosas del "suelo" y las del "cielo" tienen un mismo denominador común: el horizonte de la plenitud humana.